Haz una pregunta — y el cielo responde desde la carta del momento. En la tradición de William Lilly: significadores, un juicio de sí o no, el tiempo del asunto.
La astrología horaria responde a una pregunta específica a partir de la carta levantada para el momento en que la pregunta fue formulada y comprendida. Es la rama más antigua del arte: al querente (quien pregunta) y a lo quesitado (el asunto) se les asigna un significador —el regente de la casa correspondiente bajo las regencias tradicionales de los siete planetas visibles. Un aspecto aplicante entre ellos promete la culminación; un aspecto separante habla de un momento que ya pasó; la Luna sirve como co-significador universal y muestra el flujo de los acontecimientos.
Primero se sopesan las consideraciones antes del juicio —la radicalidad de la carta. Luego se evalúa el aspecto principal entre los significadores, junto con los obstáculos (prohibición, combustión, retrogradación) y el testimonio secundario —recepciones, estrellas fijas, ubicación en casas. De todo esto se sigue una respuesta clara: sí, no, sí con condición, sí mediante un intermediario, o demasiado pronto para juzgar.
¿Volverá mi amante, conseguiré este trabajo, se encontrará el objeto perdido, debería hacer este trato, ganaré el pleito, aprobaré el examen. La horaria es más fuerte con preguntas concretas que admiten un sí o un no claro y un plazo previsible.
El arte de juzgar la carta del momento en que se formula una pregunta. El astrólogo asigna significadores y juzga por el aspecto entre ellos: sí o no, cuándo y cómo.
De forma concreta y sincera, en formato «sí/no»: no «¿qué me espera?», sino «¿nos casaremos?», «¿conseguiré este trabajo?». Una pregunta — una carta.
La Luna no realiza ningún aspecto mayor antes de salir del signo — señal clásica de que «nada sucederá»: la situación seguirá igual, mejor posponer la acción.
Autor: Akim Kaufman, astrólogo practicante